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Mostrando las entradas etiquetadas como vida

2020 y lo efímero de nuestra realidad

El tiempo define nuestras vidas. Las marca y astilla. Mina nuestro ánimo y nos marchita con cada vaivén del péndulo que dirige nuestro destino. Ha sido un año duro y desconcertante... Un guantazo de realidad, un aviso… Una advertencia de la que seguramente no sacaremos ninguna lectura. Porque así funciona el ser humano: creemos ser invencibles  cuando solo somos una mota de polvo en un universo que jamás terminaremos de entender. No pretendo hacer un resumen de lo que ha sido este año, tan solo necesito poner en valor lo que he aprendido… dejarlo escrito para así poder recordarlo. En un solo parpadeo todo puede cambiar y creo que esa es la mayor reflexión que puedo esclarecer de todo lo sucedido. En este 2020 hay gente que ha perdido familiares, su trabajo… nada que no ocurra diariamente. Solo que, en esta ocasión, ha sido a escala global y con un responsable claro. No hay que hacer un “complicado” ejercicio de empatía con el prójimo pues todo el mundo está sufriendo las consec...

Mis Monstruos

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Tu visión del mundo se ha expandido y tú con ella. A veces quiero creer… Solo creer en algo. La esperanza es lo único que me queda. Sin ella solo somos una versión vacía de nosotros mismos. Nos aferramos a ella cuando ya no nos queda nadie a quien abrazar, cuando tenemos miedo, cuando las dudas nos asaltan, cuando nos sentimos perdidos… Hay gente que esa esperanza la evoluciona y transforma en fe. Es normal, cualquiera se aferra a lo que tiene – a lo poco que tiene. No puedo parar de pensar en el tiempo y las personas. Porque interiormente pensamos que nada cambia, que todo sigue igual… En mi caso es aún más normal pensar así pues cuando creces en un pueblo el tiempo fluye de forma diferente. En aquel lugar, rodeado de montañas, todos los días eran igual. La gente mayor moría, pasaba alguna anécdota que generaba debates, especulaciones y cuchicheos durante meses… Al final, la vida de los demás se vuelve más interesante que la tuya propia. En un pueblo el tiempo se detiene...

Almería

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Almería, tierra noble, a tus pies di mis primeros pasos. En tu suelo me hice mis primeras heridas y de tu agua produje mis primeras lágrimas. En tu cielo entoné mis primeras palabras y tu viento propagó mis primeras risas. Tu luz la que ha quemado mi piel y tus gentes las que han marcado mi acento y mi cultura. Almería como sinónimo de embrujo, de arte, de luz y alegría. Almería, reflejo del mar y mi familia. Qué triste no entender que no se trata de política o banderas, que mi orgullo no lo marca la batuta de ningún director de orquesta. Que tu embrujo no ha nublado mi mente por algún extraño sortilegio. Que el sonido de tu mar, el piar de tus pájaros, que la música de tus calles y el viento que me despeina son el anhelo de mi hogar. Que cada uno de mis recuerdos está ligado a algún elemento de tu naturaleza. Que me gusta perderme entre tus calles y tu gente, cerrar los ojos y dejarme llevar por el sonido que desprende este lugar; puente de dos mundos y vestigio de un prominen...

¡Cinco años junto a vosotros/as!

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A veces siento que la vida es como un sueño. Un sueño donde yo soy la protagonista y el resto de personas, que conforman mi vida, los personajes secundarios. Que yo misma soy la que va tejiendo los acontecimientos de mi vida y que mi imaginación es el todo que le da sentido a esta ensoñación que estoy viviendo. Y que en el momento en el que esta historia toque a su fin, será el día en que despierte … para recordar cada paso que he dado, cada risa que he compartido y cada lágrima que he derramado. Que pensaré en todo mi trayecto, quedándome no solo con los recuerdos sino, con lo más importante, mis sentimientos. Al final todo este show va de eso… de lo que sentimos aquí y ahora. Es lo que nos hace especiales y lo que le da sentido a todo esto que vivimos y sufrimos. Sentir es lo que le otorga un mínimo de coherencia a nuestra existencia y no puedo, ni quiero, dejar de hacerlo… hasta que un día, finalmente, toque el momento de despertar. Escribir me lo ha enseñado. ¿Por q...

Volar

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Surcar el cielo con los ojos cerrados. Sentir el frío abrasador sobre mi piel; apenas cubierta por una fina tela. Cruzar océanos, sobrevolando su cristalina superficie, notando el sutil chisporroteo del agua sobre mi cara. Mi cuerpo fluyendo sin ataduras y con gracilidad, carente de la pesada gravedad que martiriza a mis enjutos hombros. Bailar con las nubes, sin tener miedo a cansarme. Oír rugir el viento incitándome a seguirle el juego, a dejarme llevar y hacer temblar mi voz con un inaudible lamento.  Noto que mi cuerpo se contrae por el éxtasis que la libertad me provoca, al no sentir las ataduras de la nada. No hay tierra donde tropezar, rocas que rasguen mi ropa, barro que manche mis manos... No hay gente, no hay gritos, no hay malos gestos, no hay voces, no hay miedos, no hay nombres, no hay apariencias y engaños. Solo mi cuerpo flotando y mi mente en blanco. Solo yo, conmigo misma. Sintiéndome, por primera vez, sin un tupido velo lleno de marañas oscuras y opacas...

Soy sentimiento

Soy débil. Sí, así me he sentido muchas veces en mi vida y cuando lo sentía miraba hacia el suelo reprochándome mi vulnerabilidad. Creo, además, que si eres una mujer este sentimiento se agudiza. “Lloras como una chica” . Ese menosprecio al llanto ha logrado que las mujeres nos reprimamos, ocultando nuestras emociones por miedo a ser juzgadas por ello. Llorar, sentir, emocionarte y mostrar tus más profundos miedos es supuestamente un signo de debilidad. La sociedad lo rechaza y no sabemos reaccionar si alguien se derrumba ante nuestros ojos. Con estas premisas no es de extrañar que en muchas ocasiones me haya sentido una “debilucha”. Porque soy de lágrima fácil y durante mi infancia se hizo duro a veces serlo. Quería ser invulnerable, como una heroína, pero llegada la hora de la verdad no podía contener las lágrimas. Hasta que un día comprendí de verdad lo que significaba llorar. Durante un momento de mi vida, uno de los más duros que he sufrido hasta la fecha, no podía llorar...

Lágrimas saladas

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Arena entre mis dedos. Mi pelo alborotado. La brisa sobre mi cara. El sonido de las olas rompiendo sobre la orilla. Las gaviotas y su gorjeo sobre mi cabeza. ¿Por qué siempre acababa refugiándome en aquel lugar? Quizás porque el profundo océano consigue darme serenidad, hacerme sentir segura o lo suficientemente tranquila como para pensar en paz. Puede que nos veamos atraídos hacia el agua, porque nos recuerda a aquellos momentos en los que permanecíamos en el líquido amniótico. Sintiendo la presencia de nuestra madre y su voz en apenas murmullos imperceptibles. En ese momento todo es perfecto. Existir pero con la seguridad de que alguien vela por ti, te cuida sin saberlo y con quien crearas un vínculo que no compartirás con nadie más. Pero entonces rompen esa conexión física y nacemos. Todo dependerá de nosotros ahora; hasta respirar. La primera vez que nuestros pulmones se llenan de aire y lloramos, puede que sea la primera vez que sintamos miedo. Nuestra supervivencia d...

¿Cómo estás?

Hola. ¿Cómo estás? En realidad no sé por qué pregunto, si ya sé cómo te sientes. A veces piensas que recae demasiado peso sobre tus hombros, ¿verdad? Intentas amedrentar la carga, pero es difícil. Tu manera de ser es la que provoca esa sensación. Es duro ser tan consciente de todo. Te ha llevado largos años llegar aquí, a este entendimiento: a saber quién eres. Y cuanto más consciente eres de ello, más fuerte te haces. Te das cuenta de que no todo el mundo es capaz de hallar tal entendimiento de sí mismo. Sabes perfectamente la felicidad que te provoca el ser consciente de lo que eres y sabes que eso es lo que le llega a los demás. Esa fuerza, esa vitalidad, ese optimismo, esa pasión que plasmas en aquello que amas y hasta en tu capacidad de querer. Tan pasional y con tanta ilusión por aquello que quieres con toda tu fuerza. Sientes que a veces la vida te devuelve parte de esa vitalidad y que si eres honesta contigo misma, esa honestidad llegará también a los demás. Que te...

Adiós

El tiempo es tan efímero, tan extraño… Lo que ahora es hoy, mañana será ayer. ¿Cuándo empieza lo que acaba? ¿Cuándo desaparece lo que conocemos y aparece lo desconocido? ¿Cuándo nos adaptamos al transcurso de las agujas del reloj… a su tic tac, a su vaivén, a la prolongada sombra que nos envuelve a todos? A veces tengo la impresión de que mis recuerdos son tan solo el fragmento de un sueño y que mi presente es el momento en el que despierto, con los difusos atisbos de lo que realmente he soñado. El paso del tiempo desdibuja tanto nuestras vivencias, que resulta extraño que antes estuviésemos allí y ahora estemos aquí… en este instante y lugar. Te parece irreal que personas que veías todos los días, a todas horas, ahora no estén. Tener su imagen tan grabada en tus recuerdos y que ahora busques por todas partes un lugar donde encontrar el contorno de esa figura para, al final, solo encontrar vacío. Un vacío que te hace entender que esas personas no volverán... Porque son tan sol...

¿Quién soy?

¿Dónde acaba lo que soy y empieza lo que creo ser? ¿Acaso soy lo que proyecto a los demás o lo que los demás creen ver en mí? ¿Somos el niño o el padre? ¿Somos el adolescente o el adulto? ¿Somos el pasado o el futuro? ¿Somos el vecino que va a comprar el pan cada madrugada o somos el amante que desnuda a su pareja al anochecer? ¿Somos el amigo o el desconocido? ¿Somos la hipocresía que nos educó o el animal que nació? ¿Somos nuestra ropa o nuestra desnudez? ¿Somos el instinto o la consciencia? ¿Dónde comienza la consciencia y acaba el instinto? ¿Por qué creo ser diferente en cada situación? ¿Por qué no encuentro mi verdadero yo? ¿Por qué me siento diferente en cada rincón al que voy? ¿Por qué no reacciono igual dependiendo del cómo, el dónde, el cuándo y el quién? ¿Por qué siento esta incertidumbre sobre lo que soy y lo que siento? ¿Acaso los demás son lo que yo creo que son o son tan solo el fruto de lo que quiero creer que son? ¿Puedo creer en lo que veo, en lo que oigo o...

Miedo a lo desconocido

Al hablar sobre el miedo, la gente tiende a pensar en aquello que le produce rechazo e incomodidad, es decir, las fobias. Fobias a los insectos, a las alturas, a la oscuridad, a los espacios cerrados… No obstante, nadie habla del miedo remitiéndose, explícitamente, a lo que el concepto representa. ¿Qué es el miedo? Es un término difícil de definir, sin embargo, tengo la teoría de que en el fondo el concepto de miedo difiere en su significado dependiendo de quién lo interprete. En esencia, el miedo suele manifestarse cuando desconocemos aquello a lo que nos enfrentamos. Sí, la gente le tiene miedo a aquello que no comprende o entiende. ¿Qué ocurriría si uno de nuestros antepasados viajase a nuestro presente? Probablemente sentiría un miedo atroz hacia la tecnología, puesto que no entendería qué es o de donde proviene. El tiempo y la curiosidad probablemente serían los únicos aliados con los que podría contar, para poder desentrañar el misterio y dejar de tener miedo a aquello q...

¿El camino del éxito? No, el éxito es el camino

Mi madre siempre suele decir: no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita . Conforme pasa el tiempo me doy cuenta de cuanta razón tiene. Últimamente no paro de preguntarme, ¿qué es el éxito? ¿En qué consiste triunfar? Os he de confesar algo, no me gustan nada los libros de autoayuda o esos libros en los que un autor suelta frases bonitas al azar, para venderle la moto a la gente. Ese tipo de autores, intenta ganarse el corazón de las personas dándoles falsas esperanzas y eso no me gusta. Paulo Coelho es uno de esos autores a los que hago referencia y no quiero que me malinterpretéis, porque no es que no esté de acuerdo con el mensaje que intenta transmitir Coelho ... no, estoy en desacuerdo con él a la hora de cómo transmite el mensaje. Veréis, es muy bonito que te digan cosas como: si deseas algo el mundo se va a poner a tu favor para que se cumpla o nada es imposible o lucha por tus sueños… Frases que las sueltan sin argumentación y transmitiendo un mensaje vacuo...

Egoísmo equilibrado

“El ser humano es egoísta por naturaleza”. Así definía el inglés Thomas Hobbes a la naturaleza humana. Comparto totalmente esta afirmación, pero yo la matizaría aun más: “todos los seres vivos somos egoístas por naturaleza”. Nos sigue pasando algo muy peculiar y es que seguimos sin entender, por puro egocentrismo, que somos un animal más en el planeta tierra. Sí, el único animal en la faz de la tierra que es capaz de cuestionar su propia existencia. Pero aun así, pese a nuestra inteligencia y evolución con respecto al resto de seres vivos, seguimos dejando que nuestros instintos más primarios sean los que sigan llevando la voz cantante y el egoísmo es uno de ellos. Ser egoísta es una herramienta básica de supervivencia y os ilustraré para que lo entendáis. Imaginaos que estáis tumbados en vuestro cómodo sofá después de almorzar y ponéis La Dos de TVE, para escuchar la voz tranquila y pausada del locutor de los típicos documentales de animales, y así pillar mejor el sueño de la si...