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Mostrando las entradas etiquetadas como tiempo

La Imaginación

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No somos conscientes de lo que somos capaces de hacer. Nos guiamos por nuestros propios instintos y de forma mecánica. La mayoría del tiempo no nos preguntamos el porqué de las cosas. Simplemente están ahí, en algún rincón de nuestra mente como muchas otras cosas. Conforme ha ido pasando el tiempo me he ido dando cuenta de la importancia de simplemente parar y pensar en qué ocurre entre tantos recuerdos, objetivos y aprendizajes. De nuevo llegó diciembre y todos los años por estas fechas no puedo evitar necesitar eso… parar. Necesito hacerlo porque se precipita un nuevo año, con lo que ello conlleva. El tiempo pasa tan rápido que saltamos de año en año sin darnos cuenta de que todo está cambiando a nuestro alrededor… que nosotros estamos cambiando. Este año ha estado cargado de mucho trabajo y de no parar. He cumplido objetivos que ni siquiera tenía planeado cumplir para este año. Me han surgido nuevas oportunidades y estoy cumpliendo objetivos por los que he estado lucha...

Almería

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Almería, tierra noble, a tus pies di mis primeros pasos. En tu suelo me hice mis primeras heridas y de tu agua produje mis primeras lágrimas. En tu cielo entoné mis primeras palabras y tu viento propagó mis primeras risas. Tu luz la que ha quemado mi piel y tus gentes las que han marcado mi acento y mi cultura. Almería como sinónimo de embrujo, de arte, de luz y alegría. Almería, reflejo del mar y mi familia. Qué triste no entender que no se trata de política o banderas, que mi orgullo no lo marca la batuta de ningún director de orquesta. Que tu embrujo no ha nublado mi mente por algún extraño sortilegio. Que el sonido de tu mar, el piar de tus pájaros, que la música de tus calles y el viento que me despeina son el anhelo de mi hogar. Que cada uno de mis recuerdos está ligado a algún elemento de tu naturaleza. Que me gusta perderme entre tus calles y tu gente, cerrar los ojos y dejarme llevar por el sonido que desprende este lugar; puente de dos mundos y vestigio de un prominen...

La soledad y la grandeza de los pequeños momentos

Me gusta la soledad. Esa que no es impuesta sino necesaria. Aquella que te permite mirar dentro de ti, sin que nadie interrumpa tus pensamientos. Aquella que te ayuda a repararte si sientes que algo va mal. Aquella que muchos temen porque es profunda, descarnada y a veces nos muestra partes de nosotros que no nos gustaría encontrar en nuestro interior. Aquella que te hace plantearte el cuándo, el dónde y el porqué. Aquella que te hace recordar o indagar en tus más profundos sentimientos, revelándote fragmentos de memorias perdidas en el profundo mar de los recuerdos. Aquella que te puede desprender las lágrimas... esas lágrimas tan necesarias a veces; tan curativas y sanadoras pero que tanto miedo provocan en aquellos que no quieren entender su poder. Sí, me gusta la soledad porque me ha ayudado en muchas ocasiones. Creo que es uno de los mayores remedios del siglo XXI. Vivimos tan estresados y rodeados de información... constantemente bombardeados, no solo por nuestras emociones...

Reflejo

“Me miro en un espejo. Una sombra octogenaria se refleja en la pulida superficie del cristal. Mi mirada vacía se pierde en la negrura, que la rendija de la puerta deja traslucir en el umbral. Me siento cansado y perplejo, de mi propia estupidez. No me reconozco allá donde me veo. El canto de un cuchillo, visto a contraluz, me ha mostrado esta noche la desdicha de mi vida. He vivido atrapado en un engaño, por el que me he dejado seducir.  Crecí siendo un niño sin metas ni ilusiones. Jugaba conmigo mismo pero jamás con los demás. Aunque fingía hacerlo, simplemente por el qué dirán. No me veía retratado en ninguno de sus juegos, ni su manera de pensar. Era un niño distinto, que intentaba encajar. Crecí con el estigma de que debemos vivir para los demás. Incapaz de salir del redil, atado y amordazado; sin ninguna libertad. Y la pubertad me engañó, aún más. Me hizo creer que la culpa no era mía y se la achacaba a los demás. Creía ver libertad, allá donde solo había esclavitud y ...

Adiós

El tiempo es tan efímero, tan extraño… Lo que ahora es hoy, mañana será ayer. ¿Cuándo empieza lo que acaba? ¿Cuándo desaparece lo que conocemos y aparece lo desconocido? ¿Cuándo nos adaptamos al transcurso de las agujas del reloj… a su tic tac, a su vaivén, a la prolongada sombra que nos envuelve a todos? A veces tengo la impresión de que mis recuerdos son tan solo el fragmento de un sueño y que mi presente es el momento en el que despierto, con los difusos atisbos de lo que realmente he soñado. El paso del tiempo desdibuja tanto nuestras vivencias, que resulta extraño que antes estuviésemos allí y ahora estemos aquí… en este instante y lugar. Te parece irreal que personas que veías todos los días, a todas horas, ahora no estén. Tener su imagen tan grabada en tus recuerdos y que ahora busques por todas partes un lugar donde encontrar el contorno de esa figura para, al final, solo encontrar vacío. Un vacío que te hace entender que esas personas no volverán... Porque son tan sol...