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Mostrando las entradas etiquetadas como decepcion

Mentiras

Últimamente estoy pasando por un bache… Un bache que si lo contara y explicara tal y como lo siento, mucha gente me diría que es solo porque pienso demasiado… No pienses, no te cuestiones nada y sigue adelante… En realidad, debería ser así porque cuando nací nadie cuestionó mi existencia, llegué y me quedé. Nunca pensé el motivo por el que estaba aquí y en realidad no importa… estoy aquí, eso es lo que importa. Pero partiendo de esa base, es normal que no nos hagamos preguntas porque todas esas preguntas van más allá de nuestro mero entendimiento. Y por ese motivo construimos nuestra vida en base a “mentiras piadosas” que forman nuestra vida y nuestro día a día. Podría hablar de la política o de esa hipocresía que lo nubla todo, haciéndonos perder el juicio y justificar lo injustificable sobre tantos temas sociales que escuecen… Y escuecen porque a diferencia de nuestra existencia esas cuestiones sí tienen respuesta. No quiero enumerarlos porque sería como hacer ver que unos son más ...

Desconfianza

─ ¿Sigues aquí? ─ Sí ─ ¿Por qué? ─ No tengo a donde ir. ─ Ya veo ─ … ─ ¿Quieres hablar? ─ No ─ Juh… ─ ¿Qué? ─ Siempre esa mirada impenetrable… Siempre ese porte chulesco… Como si nada te importara. ─ Nada importa… ─ Estás dolida… Es normal… ─ ¡No lo estoy! ─ Muy bien, sigue así… Lo mismo si te lo sigues repitiendo algún día lo creerás. ─ … ─ Es jodida la confianza, ¿verdad? ─ … ─ ¿Cuánto tiempo cuesta ganarse la confianza de alguien? No cualquier confianza, ¿sabes? Una de verdad… ¿Cuánto? ─ Nunca llegas a ganarte la confianza plena de alguien. ─ Oh, eso lo dices por ti, querida… ¡Eres inaccesible y hermética! ─ … ─ Pero hay gente que sí confía, ¿sabes? ─ … ─ Como un salto al vacío… Se lanzan ciegamente a creer en alguien. ─ … ─ Al principio es un simple tanteo del terreno. Cuatro preguntas al azar, un par de risas, gracietas para romper el hielo… ¡Qué fácil es al principio! ─ … ─ Pero pasan los días… Hablas durante horas con la ot...

Me falta el aire

Corría con los ojos cerrados, sin importar si se ensuciaba las manos, si el aire despeinaba sus cabellos o el barro manchaba sus zapatos. Sonreía acariciando las espigas de trigo de aquel prado mientras corría, desinhibida, alegre, feliz y completa. La niña más risueña que jamás haya conocido y yo, torpe de mí, intentaba seguirle el ritmo de sus pasos. Ojalá no tuvieras que contemplarte con mi mirada agotada y abatida… Me miras y sonríes, yo intento imitarte, aunque no sé si lo logro hacer bien. Sabes que no puedo seguirte, que me puede la presión y la ansiedad… que el olvido me ha hecho olvidar cómo era dejarse llevar. Corres tan ligera… quiero creer que en algún momento tus pies perderán el contacto del suelo y echarás a volar. Sin embargo aquí estoy yo, trastabillada e insegura, atascada en este cenagal. Pareces danzar, impulsada por esa libertad sobrecogedora que me logra intimidar. Ya no logro recordar cómo era y es solo porque… tengo miedo a fallar. Me supera esta agonía y ...

Cosas que le diría a mi yo del pasado [03]:

¡No tengas miedo a equivocarte! ¡Qué importante es arriesgarse! No entendemos lo importante que es hasta que la vida nos pone a prueba. Cuando aún no levantamos dos palmos del suelo, no tenemos nada que arriesgar puesto que todavía no hemos ganado nada. El problema llega cuando vas creciendo y te vas labrando un futuro con esfuerzo. Ahí te surgen tantas dudas, tantos miedos al fracaso, a no conseguirlo, a equivocarte… Pero por qué creemos que equivocarnos conlleva el fracaso. Cada vez que me han puesto la zancadilla o simplemente me he caído de bruces yo solita, me he levantado fortalecida y premiada. Fortalecida porque así me inmunizo poco a poco al dolor y premiada porque he aprendido algo nuevo y valioso. ¡El verdadero fracaso es no equivocarse! Entiendo, no obstante, que a veces nos dé miedo equivocarnos especialmente cuando estamos aprendiendo. ¿Cuántas veces no hemos levantado la mano en clase, por miedo precisamente a equivocarnos? Es normal que esto ocurra, cuando en n...

Convivir con la decepción

Los años te hacen encajar mejor los altibajos del día a día. Consiguen darte una mayor entereza ante las adversidades, pero también es cierto que por ello te acabas convirtiendo en alguien más frío. La frialdad es sin duda una herramienta de supervivencia. Una manera que tiene la naturaleza de hacernos mantener el tipo cuando las cosas no salgan bien. Todo esto he empezado a percibirlo últimamente, al darme cuenta de que encajo las decepciones de forma diferente. Y no es que alguien me haya decepcionado recientemente, es que creo que todos sufrimos decepciones a diario. Porque a fin de cuentas, todos somos muy egoístas y queremos que todo el mundo baile a nuestro ritmo y es imposible que todos nuestros allegados nos acaben complaciendo. Aun así, cuando hablo de que nos decepcionan continuamente me refiero a cosas cotidianas del día a día, sin demasiada importancia. Pequeñas decepciones con las que hay que “convivir”. Sin embargo, hay ocasiones en las que realmente ocurre al...